Tomás

Tomás, un tipo muy particular.
Debido a su personalidad, su tintorería se ha transformado en el club social del barrio.

Tomás

Adentrarse a su tintorería es como caer por el orificio del conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas. Todo lo que uno encuentre allí adentro es totalmente incompatible con el concepto que uno posee de una tintorería japonesa. Su tintorería parece un mercado de pulgas. Nos encontramos con una gran cantidad de cargadores de celulares, relojes, teléfonos, cajas vacías, cajas llenas, grifería, una medialuna envuelta en papel de una rotisería que ofrece delivery, una botella de aperitivo y un soldador, entre otros. Todo esto conforma la geografía del lugar que se puede captar a primera vista.

Amabilidad

El sol pega bastante fuerte ya desde tempranito en la veraniega mañana santafesina.
Horacio, mi viejo, viene bicicleteando desde su casa que no es muy lejos. En Santa Fe todo queda relativamente cerca.
Deja la misma en el zaguán de la tintorería y ahí mismo se quita la bermuda y sandalias para ponerse un pantalón de vestir y mocasines.

El sofocante calor no lo condiciona para mantener una cierta formalidad heredada del trabajo que hacía su padre ni impide que se tome un mate cocido a media mañana.

En verano el trabajo merma y no hay mucho para hacer más que escuchar la radio y esperar a recibir el diario vespertino, el cuál lee de atrás para adelante como si fuera un diario japonés. O tal vez lo hace porque prefiere resolver los crucigramas por sobre todas las cosas.

De repente, justo enfrente de la tintorería estaciona -cometiendo infracción porque no puede estacionar en pleno boulevard- una señora elegante que baja del auto para buscar una prenda.
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mapeando

Tener la necesidad rescatar mi identidad e historia como hijo de tintorero japonés, no es algo reciente, pero se acrecentó estos últimos años.

El idioma, era esa barrera que hacía difícil comprender y captar con precisión las historias que mi abuela contaba utilizando un limitado castellano mezclado con uchinaguchi.

Hace unos años atrás tuve la oportunidad de viajar a Okinawa y quedarme un buen tiempo. Fue allí donde me dí cuenta que todas esos relatos de cosas que me parecían lejanas y ajenas comenzaban a convertirse en cosas concretas, lugares y rostros.

Ese fue el clic que me llevó a realizar una búsqueda personal hacia el pasado.
No solo era saber sobre las fotos que encontraba en viejos álbumes, sino también las costumbres, cómo era la vida en Okinawa, el barco en el que vinieron mis abuelos. También me llevó a aprender a tocar sanshin y por supuesto, saber más sobre las tintorerías, a las cuales veo como una cápsula del tiempo. Es el nexo entre el pasado y presente.

tintorería Kyoto, Santa Fe

tintorería Kyoto, Santa Fe

Cuando me convocaron a participar de Mapeo de Tintorerías, no dudé un segundo. Era la oportunidad de poder documentar, rescatar y mantener vivo ese ADN cultural que nos ha moldeado de alguna forma.

Para mi sorpresa son muchos los tintoreros que nos han abierto las puertas, contentos que queramos saber sobre sus vidas y sus historias.
En el tiempo que vengo colaborando he descubierto que cada tintorería generó su propia identidad, tiene su impronta y se mimetiza con el barrio lo que genera en uno querer conocer más.

Ante el inminente cierre de muchas tintorerías tradicionales -por diversos motivos-, Mapeo de Tintorerías cobra más fuerza para seguir investigando sobre nuestras raíces inmigrantes.

A.K.